martes, 27 de abril de 2010

CUALQUIERA PUEDE INFORMAR LOS QUE NOS DIFERENCIA ES ELABORAR LA NOTICIA Y LA ÉTICA PERIODISTICA

¿EXISTE LA ÉTICA PERIODÍSTICA EN LA ERA DIGITAL?
En esta era digital en la que todos podemos informar, la ética podría convertirse en el último valor agregado de los periodistas profesionales. Tal es la discusión que está llevándose a cabo en ocasión del 15º aniversario de la Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano, creada por el colombiano Gabriel García Márquez en Cartagena de Indias.
Lo inmutable debe necesariamente adaptarse a las nuevas circunstancias de la era digital. El enorme reto consiste en entender hasta qué punto y cómo adaptarlo.
Los ejes que han regido la fundación han sido la calidad narrativa, la seriedad de la investigación y el rigor ético. Este último imperativo es personalizado desde el inicio por el maestro Javier Darío Restrepo y su consultorio ético, que responde a las dudas e interrogantes de los periodistas de Latinoamérica y de la Península Ibérica. “Comparé 69 códigos de ética periodística”, me dijo en una entrevista. “Todos giran alrededor de tres puntos: el compromiso con la verdad, la responsabilidad social y la independencia como mecanismo imprescindible para llegar a la verdad”, precisó
No es que alguien detente la verdad, precisa, además de que “a la verdad absoluta nunca se llega. Se trata de una dinámica interior e intelectual que consiste en buscar siempre y ofrecer aquello que se encuentra, sometiéndolo a la crítica y a revisiones”, explicó.
La responsabilidad social, según Restrepo, se sustenta en el hecho de que “el único amo del periodista es el lector”, a quien se dirige la información para que le sea útil. Citando de memoria el Código de la Federación Latinoamericana de Prensa, señaló que quienes informan tienen que estar conscientes del poder que manejan y nunca olvidar que el daño que puede infligirse jamás se repara totalmente.
La independencia, por supuesto, es “la condición de la libertad”. Implica “ruptura de la dependencia con relación a todo tipo de poder: político, económico, religioso, militar, jerárquico dentro de la organización; pero también frente a las fuentes, al miedo y a la propia arrogancia del periodista”, según expresó Restrepo.
Para Jaime Abello, director de la FNPI, “hoy día cualquiera puede informar y usar una multiplicidad de medios para hacerlo. Lo que nos distingue es la ética”. A esto, Joaquín Estefanía, director de la Escuela de Periodismo de la Universidad Autónoma de Madrid/El País, agregó: “Y los procedimientos”, poniendo como ejemplo la verificación y el siempre valerse de un mínimo de dos fuentes diferentes sobre el hecho al que se aluda.
El reto radica en aplicar estos principios, estos procedimientos, en la era digital. No faltan quienes afirman que lo que hoy se confronta ya ha surgido de una u otra manera ayer. Aunque en algunos casos sea cierto, lo que siempre cambia es la escala en la cual se presentan los problemas.
Muchos elementos, sin ser totalmente nuevos, cabrían en esta categoría. Podemos mencionar la capacidad de disfrazar o esconder la identidad y la de modificar los documentos (digitales), así como la facilidad de plagio gracias al “copiar y pegar” tan elemental en la red. La propagación de rumores puede tomar proporciones pocas veces antes experimentadas, así como la capacidad de hacer daño. Los periodistas son muy sensibles, en particular a la acentuada dificultad de identificar a las fuentes.
Pero, además de estos problemas nada triviales, cinco retos parecen destacar con particular relevancia.
La pérdida del monopolio de la información propia de los periodistas y la participación de la antigua audiencia cuando hay o no hay periodistas. Como testigos y como analistas.
La cobertura en tiempo real. Aumenta la presión de la velocidad, que tiene sus orígenes en la competencia económica entre medios.
El exceso de información o, más bien, el desequilibrio informativo, y el hecho de que hoy resulte casi tan difícil encontrar una información pública de valor, como revelar aquella que se quiere mantener oculta.
Las nuevas formas de manipulación y de control por parte de los poderosos, a cuyo alcance también está la utilización de las TIC.
La oportunidad que implica la transparencia, que ha llegado a calificarse como una posible “nueva objetividad” (David Weinberger).
Hay dos maneras (por lo menos) de abordar la cuestión de la ética periodística en la era digital. La primera, propia de una fundación de y para periodistas, consiste en preguntarse cómo adaptarse a esta era preservando los valores inmutables del oficio.
La segunda –nada incompatible con la primera– reside en abrir el debate para que la reflexión ética y los procedimientos de los periodistas sean tema de meditación y herramienta de todos aquellos que informan.
De ahí se desprende la pregunta central: ¿Cómo difundir o ampliar el impacto de los procedimientos y de la ética periodística para que mejoren los flujos informativos?(Por Francis Pisani/El Universo.

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