lunes, 23 de mayo de 2011

SOBRE: NOSOTROS MATAMOS MENOS Y ROBAMOS MÁS.

NI CHICHA NI LIMONADA
Un prestigioso humorista ha dicho recientemente que “los peruanos no reciclamos la basura, la elegimos”. Es un chiste, pero tiene mucho de serio. Cabe preguntarnos en qué momento nos jodimos, porqué los peruanos tenemos esa actitud autodestructiva. Cuando parece que empezamos a salir del hoyo, nosotros mismos nos jalamos de la patas y otra vez ¡zas! hacia abajo vamos. No se puede entender de otra manera que otra vez estemos obligados a elegir entre lo peor, a decidirnos por uno de los que han quedado, sin opción, o sea ni chicha ni limonada.
Estamos en un callejón sin salida, estamos hechos, estamos rodeados por los bandidos. Tenemos que elegir a la chicha que representa un militar mediocre con su avinagrado discurso, lleno de fermentadas propuestas y embriagado de nacionalismo, o elegir la ácida limonada color naranja que representa el pasado más vergonzoso, criminal y corrupto que pretende volver encarnado en el rostro de una linda chinita que de todo se ríe, sospechando tal vez que los peruanos somos una tira de cojudos, sin dignidad, sin principios y sin memoria.
Estamos frente a una gran encrucijada, frente a dos propuestas que representan al pasado que nunca debemos volver, ni al viejo nacionalismo estatista con rostro agresivo, ni al sistema de corrupción organizada con ojos chinitos que quedó grabado para la historia en cientos de vladivideos. Pero lo más grave está en ver los rostros impresentables de quienes se alinean con cada bando, por un lado los rancios comunistas que reviven como zombies de ultratumba en la coreografía humalista y por el otro lado la patética comparsa de los medios de comunicación y grandes empresarios que se cebaron de la corrupción fujimorista y que hoy se lamen los labios se solo imaginar el festín que podría volver.
Una situación de miedo y angustia. Pero por más miedo que nos metan, jamás votaré a favor de la dictadura y la corrupción. Aún queda la esperanza de que sea una pesadilla y pronto despertemos, que Dios nos ayude y haga un milagro o refugiarnos en la decencia del voto en blanco, conservando nuestros principios y siguiendo a nuestra conciencia. Pienso que pueden existir otras formas puras y limpias de refrescar nuestros principios democráticos, sin chicha ni limonada

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